A review by auroratoledo
The Bell Jar by Sylvia Plath

4.0

Son muchísimas las cosas que me pasan por la cabeza tras haber terminado esta novela y haber dejado un par de días para poder asimilar la lectura —al menos, parcialmente, ya que tiene muchísimos aspectos muy interesantes que seguro que en una primera lectura es imposible detectarlos todos. Tengo que admitir que, al principio, me costó bastante engancharme, pues parecía que los acontecimientos narrados por Esther no tenían mucha conexión entre ellos y era como si, en ocasiones, algunos datos no se contasen o cosas que se dijeran realmente no tenían mucha importancia. Sin embargo, a medida que avanzaba y me adentraba en la mente de la protagonista, pienso que la forma de narrar los hechos que tiene Plath y que puede llegar a ser confusa para el lector es totalmente deliberada. De esta manera, te acabas sintiendo en cierta medida de la misma manera que la protagonista, quien está viviendo una etapa muy compleja en su vida donde siente que nada de lo que hace tiene verdaderamente un sentido y no es capaz de darle un propósito a todo lo que está haciendo.
Plath trata muchísimos temas en esta corta novela, algunos con mayor relevancia que otros. Presta especial atención al papel de la mujer durante los años 50 en Estados Unidos, un papel con el que ella debía sentirse extremadamente identificada. Esther, la protagonista, se debate constantemente sobre su futuro, pues no sabe qué es lo que debe hacer. Está en Nueva York, viviendo una oportunidad profesional única, pero no es capaz de decidir si este es el futuro que quiere para ella misma, si está tomando las decisiones adecuadas. No siente motivación respecto al trabajo de periodismo que está realizando y, a pesar de que constantemente aprecian y resaltan su trabajo, no siente que lo que esté realizando sirva para nada. De hecho, esta idea se convertira en realidad cuando no consiga la plaza en los estudios de literatura que había solicitado, y los pocos planes que nuestra protagonista se había planteado se derrumbarán rápidamente como un castillo de naipes. Constantemente se plantea qué debe hacer: ¿continuar con sus estudios de literatura y desarrollar su carrera profesional? ¿intentar mantener cierta independencia económica a través de un trabajo que, seguramente, sea poco remunerado? ¿resignarse a vivir la vida que ha sido planeada para ella por el mero hecho de ser mujer? Son infinitas las opciones que tiene a su alcance, pero Esther es incapaz de asimilar cualquiera de estos futuros además de que muchos de ellos le aterrorizan y asquean.
"Me pareció que sería mejor ponerme a trabajar durante un año para pensar un poco más las cosas. Quizá pudiera estudiar el siglo dieciocho en secreto.
Pero no sabía taquigrafía, así que ¿en qué podía trabajar?
Podía ser camarera o mecanógrafa.
Pero no podía soportar la idea de ser ninguna de esas dos cosas." [120]

La difícil decisión de seguir un camino concreto en su vida la atormenta y acaba agravando su salud mental: Esther tiene aspiraciones e ideas propias y diferentes al resto, pero, aunque quiera seguir cualquiera de sus ideales o quiera conseguir algo de lo que realmente desea, es consciente de que la sociedad va a rechazarla y no quiere ser una marginada. Sin embargo, se acaba sintiendo apartada de todas las personas que la rodean y no logra encontrar a nadie con quien sentirse aceptada, ni siquiera con ella misma pues constantemente califica sus sentimientos y acciones de manera negativa. Respecto al resto de la sociedad, sus actos solamente son aceptados cuando actúa siguiendo las normas que la sociedad ha establecido para ella como mujer. Por ejemplo, sus compañeras de la universidad no la toman en serio hasta que descubren que mantiene una relación con Buddy Willard, un joven estudiante de medicina.
Las relaciones que mantiene Esther con el resto de personajes son complejas y difíciles de caracterizar con un primer análisis. Respecto a las mujeres de su vida, muestra sentimientos encontrados y paradójicos, pues aunque encuentre aspectos con los que establecer un contacto profundo con ellas, siempre hay algo que la mantiene alejada de las demás y que la hace sentirse diferente. Con sus amigas de la revista, Doreen y Betsy, establece lazos pero no logra sentirse identificada del todo con ellas: se siente como Betsy, pero sus carácteres son totalmente distintos; Doreen es la persona que le gustaría ser, quien se enfrenta a las normas establecidas por la sociedad y vive su vida, especialmente su sexualidad, con total libertad, pero Esther no consigue actuar de esta manera. Joan, a quien conoce de la universidad, comparte muchos aspectos con la protagonista, quien llega a verla como una doble de sí misma, pero por quien es capaz de sentir agrado. La soporta y habla con ella, cierto, pero jamás la ve como a una verdadera amiga, sino más bien como un reflejo en el que ella podría haberse convertido (desde su relación y posible enlace con Buddy hasta su final suicidio).